Cientos de conversaciones de WhatsApp al día repartidas entre grupos, teléfonos y cabezas. Nadie sabía qué era urgente, y el dueño no tenía visibilidad sin preguntar uno por uno.
Un único espacio donde la IA lee, cualifica, puntúa y prepara las acciones del día sin cambiar su forma de trabajar ni rellenar un CRM. Los mensajes comerciales siempre los aprueba el agente: la IA prepara, la persona decide. El dueño tiene una vista real de lo que pasa.